Con la frente en alto

Formar la autoestima es imprescindible para alcanzar una adultez plena. Te contamos cómo ayudar a tu hijo a desarrollarla. Con la frente en alto La autoestima es la valoración de uno mismo, vinculada al manejo de habilidades, al registro de la imagen corporal y de las capacidades cognitivas y afectivas. Se va gestando desde los primeros años de la infancia, a través de cómo los chicos se vinculan. Es lo que dará lugar a la construcción de la propia identidad.

Dichos y hechos
Los niños desarrollan su autoestima en función de los comentarios, observaciones, reproches, retos, gratificaciones y frustraciones de sus padres, familiares y allegados. No es necesario que los padres elijan las palabras para entablar diálogo con sus hijos, pero sí que tengan claro qué expectativas están poniendo en ellos para guiarlos en sus emprendimientos y actividades cotidianas.

Cuando los niños tienen dificultades en habilidades diarias, no ayuda que sus padres les digan: “no sabés nada”; “sos un burro”; “otros lo resuelven mejor que vos”; “sos un incapaz”; “¿no entendés?”.

Pero no solamente lo que digan los adultos pueden producir baja autoestima. También puede incidir el hecho de padecer alguna enfermedad o que la padezcan sus padres o familiares, atravesar algún duelo, problemas económicos y cualquier otra circunstancia de cambio imprevisto que dé lugar a una situación de resquebrajamiento en su dinámica psicológica.

Como mamá y papá
Muchas veces, una autoestima demasiado elevada en los padres, condiciona a los hijos. Ver que sus progenitores tienen una gran confianza y seguridad en sí mismos, puede llegar a ser contraproducente durante el proceso de construcción del psiquismo de los niños, puede bloquearlos o alterar el desarrollo de su autoestima. En estos casos, los padres pueden verse como inalcanzables, y esta idealización actúa como barrera para el conocimiento y descubrimiento de las propias condiciones personales.
Puede provocarles una gran falta de confianza e inseguridad en las capacidades e iniciativas, y por ende, una búsqueda de apoyo y sos tén parental desmedido. La sensación de que sin ellos no son capaces de nada.

Por otro lado, si los padres tienen baja autoestima no pueden estimular a sus hijos adecuadamente y les exigen en demasía. Pretenden que sean lo que ellos no pudieron ser o hagan lo que ellos no pudieron hacer. En estos casos, suelen decirle a sus hijos: “no vas a ser un Don nadie como yo”; “tenés que ser el mejor”; entre otras. En los niños en el deseo de ser queridos y aceptados por sus padres es tan grande, que se esfuerzan por gratificarlos y que esto les genera muchos conflictos.

En constante exposición
Es sencillo detectar si un chico tiene baja autoestima. Los padres perciben que se siente incapaz, inseguro, inhibido ante situaciones, planteos o demandas del medio en que se encuentra y que siente que tiene que demostrar qué es lo que sabe y puede hacer. Entre otras manifestaciones, no rinden a pesar de que tengan suficiente inteligencia para sortear lo que se les presenta. Preguntan por temor a estar equivocados o no preguntan para no evidenciar que no comprenden.

Tener la autoestima baja los coloca en una posición subjetiva de minusvalía, se sienten en inferioridad de condiciones respecto a los demás chicos, en especial a los que logran resolver problemas y salir airosos en una situación determinada. Esta situación se vuelve contra sí mismos y se pueden poner tanto agresivos, como tristes.

Mirada positiva
La función de los padres está en estimular las capacidades y los logros de sus hijos. Los ayudan enseñándoles que los errores funcionan como aprendizaje para la adquisición de algún conocimiento o habilidad y que son necesarios. Los niños esperan de sus padres la aprobación por lo que saben y pueden hacer. Éste es el punto de partida de la autoestima.

Con un poquito de ayuda…
La Clínica de Westchester Group Works, en Estados Unidos, tiene consejos para criar niños con autoestima:
-Fomentarle la confianza en si mismo.
-Ayudarlo a conocer sus límites y temperamento.
-Felicitarlo por sus conductas valientes.
-Cuidarse de emiir mensajes subliminales.
-Respetar sus miedos y no hacer que sientan vergüenza de tenerlos.
-Ayudarlo a superar retos y temores.