Adopción y depresión

Sentimientos de alegría, felicidad y gran euforia suele ocasionar la llegada del hijo a casa y esto es igual tanto con los hijos biológicos como con los adoptivos. Sin embargo, en ocasiones pueden detectarse padres que reflejan sentimientos como el cansancio y la frustración, algo que puede tomarse como normal en estos casos y como una etapa que puede superarse. Adopción y depresión

El procedo de adopción es una etapa muchas veces extensa que tiene como final el momento de felicidad que se refleja el día en el que se conoce a ese pequeño y que produce un impacto la primera vez, algo que todos los padres experimentan en algún nivel.

La llegada del hijo y el día a día con las adaptaciones lógicas, sobre todo cuando se trata de niños de 4 años o más suele ser una etapa de prueba para ambos, siendo todas ellas experiencias totalmente naturales y a pesar que las recompensas siempre serán mayores a las frutstraciones los retos muchas veces pueden resultar confusos y agotadores llevando en algunos casos a un estado de depresión.

La depresión luego de una adopción no es ni más ni menos que la respuesta lógica a nuevas experiencias y también el trabajo que representará conocer a fondo las necesidades de un niño adoptado, todas estas son cargas físicas y emocionales para las cuales nadie se encuentra preparado. El secreto estará entonces en buscar ayuda y permitirse la comunicación con otros que hayan pasado por la misma experiencia que serán sin lugar a dudas los que mejor comprenderán la situación.

También, será necesario involucrar en esta nueva etapa a los amigos y familiares quienes también formarán parte del proceso. Este tipo de depresión llamada de Post Adopción, es algo imposible de controlar pero será necesario tratar de llevarla adelante y superarla para no causar daño y traumas al hijo.

Además, la salud emocional de los padres es muy importante en esta etapa donde la integración y la nueva situación familiar requieren estar con el mejor ánimo. La forma de llevar adelante esta etapa no difiere mucho de la que se aconseja con la llegada de un hijo biológico y por ello se necesitará de un tiempo para vincularse con el niño y llegar así a un estado de integración.

En el caso de una madre que trabaja fuera del hogar es recomendable tomarse un tiempo de descanso y de adaptación relegando un poco las actividades que se desarrollaban habitualmente antes de la llegada del niño.

Repartir las tareas y responsabilidades del hogar ya que la maternidad siempre trae aparejada una demanda mayor de energía y tiempo, pero también es necesario que el otro integrante de la pareja se sume y participe en los cuidados y juegos con el niño como una forma de no dañar la relación de a dos que hasta hace poco tiempo se tenía de forma armónica.

La llegada del niño a la casa debería ser motivo de felicidad, orgullo y por supuesto también de miedos y expectativas pero todo esto puede consolidarse y salir adelante en una tarea que no es sencilla pero tampoco imposible como es la de ser padres.

Foto Vía:nourishedhearts